Pan in Japan: Shinkansen, Ramen to Onsen. Día 10: Osaka-Nara-Kyoto

by - noviembre 23, 2020

UNA DE CIERVOS Y PRIMERAS IMPRESIONES KYOTENSES

El día se levantó soleado y mi dolor de garganta parecía haber remitido tras una noche sudando, así que lo primero que hice fue darme una ducha. Era mi primer día solo de esta segunda etapa del viaje, una etapa más relajada e introspectiva, pero con unos trasfondos que esperaba me fueran a ayudar, ¡y vaya si lo hicieron! Pero ya iré llegando a cada uno de ellos en los días que me quedan de diario.
Decidí que no era mala idea comenzar por visitar uno de los lugares más turísticos de Japón: El parque de Nara. Como su nombre indica se encuentra en la ciudad de Nara, al este de Osaka a algo menos de 1h en tren. Además también tiene buena combinación con Kyoto, ciudad a la que me acercaría otra vez tras mi visita al parque. 
 

Ciervos en Nara

Durante el trayecto ya se intuía que en el parque solo, lo que se dice solo no iba a estar. El vagón iba atestado de turistas, que se multiplicaron al llegar a a estación de JR de Nara. Allí todas las taquillas estaban ocupadas así que fui a la oficina de información a dejar mi macuto. El camino hasta el parque lo hice a través de la calle Sanjo Dori, repleta de tiendecitas que empezaban a abrir y puestecillos de comida. Como era una buena caminata los turistas estábamos más dispersados y no se notaba el agobio de la estación. El paseo era agradable y daba a un lago donde ya empezaban varios caminos y carreteras a adentrarse en el parque. Mi primera parada fue el templo Kofukuji y su llamativa pagoda de cinco pisos de madera. También destacaba un hall octogonal también de madera. El lugar era amplio y pese a la marabunta de turistas se podía disfrutar de algunos recovecos tranquilos. Más adelante se encuentra el edificio del museo nacional y a partir de ahí ya se empezaban a ver a varias decenas de ciervos japoneses en los amplios jardines que empezaban a multiplicarse. Uno de los atractivos del parque Nara son estos glotones y fotogénicos animalitos que no dudan en acercarse y atosigar a todo turista en busca de comida. A lo largo del parque hay varios puestecillos donde puedes comprar galletas para ciervos y así poder darles una comida decente y no cualquier guarrada que tengas a mano. Eso sí, cuidado con los ciervos ya que pese a que están en contacto continuo con humanos no dejan de ser animales salvajes y si al darles de comer intentas juguetear o "tomarles el pelo" puede que te lleves un buen mordisco. Cada año se estima que entre 100 y 200 turistas son atacados por los ciervos. Algo que resulta curioso, y que muy bien comentaron en su momento en el podcast Japonizados (no dudes en escucharlo y suscribirte si te mola todo lo relacionado con Japón), es que no se ven a los ciervos acercarse a los puestos de venta de galletas (donde hay cientos de ellas) sino que esperan a que el turista las compre para atosigar. Creo que no es difícil pensar la razón por las que ya no se acercan al origen de su galletitas.

 

Sanjo Dori
 

Pabellón octogonal Kofukuji
 

Kofukuji (Pagoda y Pabellón)
 

 

Quiero galletas

El parque de Nara es uno de los más antiguos Japón y tiene una extensión de unas 600 hectáreas a pies del monte Wakakusa. Desde el museo nacional decidí tirar hacia el sureste y caminando entre ciervos y caminos llegué hasta el santuario de Kashuga Taisha. Por estas latitudes del parque la cantidad de gente es bastante escasa ya que la caminata es larguita (a unos 30min del lago que comentaba antes). Este santuario es muy bonito, el hall de entrada es gratis y luego hay entrada para visitar el interior (al que no accedí). Lo que más me gustó del santuario y los alrededores es la infinidad de linternas japonesas por todo el trayecto que solo se encienden dos días al año y que si tienes la oportunidad de verlo no dudes en acercarte que seguro es bastante espectacular (en Febrero y en Agosto). Cerca del santuario hay varios pequeños santuarios sintoistas (como el de Kinryu o Munakata) que bien merecen un paseo en los que te encontrarás prácticamente solo. 

 

Momiji en Nara

Kashuga Taisha

Camino de linternas japonesas

Pequeño santuario

Caminé dirección norte hasta el santuario de Mizuya y de ahí decidí pasar a la ladera del monte Wakakusa para lo que hay que pagar una pequeña entrada (150 yenes si mal no recuerdo). La ladera es un buen lugar para tirarte a descansar con unas vistas maravillosas del parque y la ciudad de Nara. También tienes una rutilla que te lleva hasta la cima, pero esa ya no la tomé que se me iba a ir demasiado tiempo. No muy lejos de allí un poco más al norte se encuentran los pabellones de Sangatsudo y Nigatsudo que ya forman parte del templo Todaiji, el más famoso del parque. Fue el pabellón de Nigatsudo el que más me gustó no solo de este templo sino de todo el parque. Es un pabellón de madera que hace a su vez de mirador ya que se encuentra en una especie de colina, a su vez se ve cómo las vigas de madera lo sostienen y cómo los pasillos y las escaleras para salir o llegar a él están flanqueadas con decenas de linternas japonesas. No sabría decir qué es lo que más me llamó la atención del lugar, pero sin duda fue la imagen que más se me quedó grabada de mi visita al parque. Luego bicheando en internet me enteré que en él se celebra el festival de Omizoturi en la primera quincena de Marzo. Se trata de un festival nocturno en el que los monjes corren por sus pasillos con antorchas gigantes, podéis echar un ojo a cualquier video de youtube para haceros una idea. Lo de fuego y edificio de madera la verdad que muy seguro no lo veo.

 

Ladera Wakakusa

Nigatsudo

Nigatsudo

Pasillo con pórtico de madera en Nigatsudo

Inconscientemente dejé para el final de mi visita a Nara la zona del pabellón principal del templo Todaiji. Para entrar había una cola kilométrica que decidí no hacer por tener algo nuevo que visitar en mi siguiente visita a Nara que espero no tarde mucho en llegar. El templo de Todaiji, patrimonio de la UNESCO, tiene un pabellón principal que consiste en el edificio de madera más grande del mundo que contiene a un buda de 15 metros. Yo pude ver el edificio desde fuera y la verdad que es bastante impresionante. Ya decidí caminar de vuelta a la calle Sanjo Dori y pararme a degustar una ración de takoyakis y un meron pan de postre, que la caminata que llevaba encima bien se lo merecía.

 

Alrededores Todaiji

Todaiji

Pabellón principal Todaiji

Takoyaki y Meron pan

Una vez de vuelta en la estación recogí mi mochila y monté en el tren que me llevaría hasta Kyoto. Esta vez decidí ir a un albergue a dormir, el Hostel Kyoto Kizuna, que la verdad por localización, calidad, ambiente y precio es bastante recomendable. Allí aproveché para socializar un poco, hacer una colada y planificar mis próximos días por la ciudad. La verdad que en la recepción me dieron muy buenos consejos y me ayudaron a decidir qué lugares visitar de aquella ciudad tan turística. Y es que, para el que no lo sepa, Kyoto es la ciudad de los templos, los jardines y palacios. La antaño capital del país rezuma tradición por los cuatro costados y no sorprende que sea parada obligatoria en la primera visita al país nipón. 

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La noche ya se me había echado encima pero decidí salir a dar un paseo nocturno. Y no hay mejor manera de descubrir una ciudad que callejear. Por supuesto más o menos sabía la dirección que quería tomar, hacia el barrio de Gion, pero me dejé llevar por mis pies y la intuición y me alejaron un poco del destino. Pronto crucé el río Kamo, paseé por su ribera este para luego adentrarme en el entramado de callejuelas del distrito de Higashiyama, al sur del centro de Gion.

 

Paseando por las desiertas calles

Luces y sombras

Pasear por la noche por este barrio es algo que todo el mundo que visite Kyoto debería hacer. En la hora que estuve paseando por la zona me encontraría con menos de 20 personas y eso en una ciudad atestada de turistas es impagable. Pero la cosa no queda ahí, las callejuelas con sus luces a medio gas, las casitas de madera, la tranquilidad, los pequeños carteles de los establecimientos y un sinfín de detalles hacen de este lugar algo especial. Es uno de esos sitios que te trasladan en el tiempo, a otra época, que te evocan imágenes de películas o animes basados en periodos antiguos. Al cruzar cada esquina no te sorprendería encontrarte a un samurai o a una geisha o maiko (aprendiz de), ya que al norte de este barrio se encuentra el barrio de las geiko (como llaman a las geishas en Kyoto), de las que aún quedan algunas. Acabé en la preciosa calle Nineizaka donde al fondo se aprecia la bonita pagoda de Yasaka del templo de Hōkan-ji. 

Entre carteles al fondo la pagoda Yasaka

 

Pagoda Yasaka

 
Paseo nocturno por Hihashiyama
 

Me dejé perder por la zona unos minutos más hasta que mi estómago empezó a rugir, no sin razón, y decidí volver a la zona del albergue para buscar algún combini abierto y poder echar algo al buche. Para mi suerte vi que no muy lejos había un restaurante de ramen que no cerraba hasta las 23:30, así que me daría tiempo a llegar. El restaurante se llama Taihou y el ramen, uno más, estuvo más que aceptable. A esas horas y a ese precio a mi me supo a gloria. El día llegaba a su fin y tras más de 25 km recorridos un buen descanso era necesario.

 

El ramen que me dio vida

Mapa del Viaje (Itinerario, restaurantes, alojamientos, pubs, lugares de interés)
En este mapa podrás encontrar todos los lugares de los que hablo y localizarlos en el mapa. Para disfrutar en su totalidad recomiendo abrirlo en página completa donde podrás elegir las capas que quieras y así te será más fácil navegar por él. 

 
 

Itinerario 

Pinchando en ellos accederás al capítulo correspondiente del diario de viaje.

Introducción y Prólogo
Día 1. Tokyo
Día 2. Tokyo
Día 3. Tokyo
Día 4. Tokyo-Kanazawa
Día 5. Kanazawa-Kurobe-Kanazawa
Día 6. Kanazawa-Kyoto
Día 7. Kyoto-Miyajima-Hiroshima-Fukuoka
Día 8. Fukuoka
Día 9. Fukuoka-Osaka
Día 10. Osaka-Nara-Kyoto
Día 11. Kyoto
Día 12. Kyoto
Día 13. Kyoto-Gora
Día 14. Gora-Hakone-Gora
Día 15. Gora-Tokyo
Día 16. Tokyo
Dia 17. Tokyo-París-Dublín

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