Sobreviviendo a Marruecos. Día 2: Marrakech-Alto Atlas-Ouarzazate

by - enero 11, 2022

 DE CÓMO INTEGRARSE EN EL PAÍS

Nos levantamos a la hora acordada para desayunar y coger el coche cuanto antes, queríamos llegar lo más cerca del desierto que pudiéramos. A las 8:30 se suponía que nos iban a servir el desayuno, no más lejos de la realidad. Allí no aparecía nadie y empezamos a sufrir la “pachorra” marroquí. A eso de las 9:00 decidimos llamar al timbre de fuera, se levantó un hombre totalmente dormido, se acercó a la recepción y sin mediarnos palabra se volvió a acostar. Perfecto, nuestro plan no dio sus frutos así que esta vez le volvimos a despertar y directamente le preguntamos por el desayuno, su contestación fue que subiéramos arriba, a la azotea y que en 15min estaría. Subimos a la terraza y allí no había ni perry, pero al menos disfrutamos de unas buenas vistas. A todo esto llegaron Rutty y Luis con sus mochilas. Apareció de repente una mujer que supusimos sería la encargada de hacernos el desayuno y así fue, pero tuvimos que decírselo y ella bajar a preguntarle al otro muchacho antes de que empezara a hacerlos. Al menos el desayuno estuvo de p.m., zumo de naranja natural, leche y una especie de crepes con una miel deliciosa. Entre pitos y flautas casi nos dieron las 11h cuando estábamos saliendo de Marrakech... 
 
Koutubia desde el ático de nuestro Riad

 
 
Las indicaciones más bien son inexistentes y por supuesto nos confundimos de carretera, al menos la orientación del sol y del Atlas nos permitió no habernos confundido mucho. Tuvimos que parar a preguntar a unos lugareños que nos enseñaron cómo empalmar con la carretera correcta, en principio no tardaríamos mucho en llegar. Digo en principio, porque al coger el desvío y para sorpresa de todos, aparecimos en medio de un mercado bereber. Es toda una experiencia cruzar con el “Hummer” un mar de personas, coches, motos, jedis, teletubbies, gallinas, burros y un largo etcétera. Las imágenes algo pueden aclarar. Proseguimos el rumbo y llegamos a una carretera a medio asfaltar que creímos iba a ser la peor de todo el viaje, ingenuos. 
 
En medio del mercado

 

Alcanzamos la carretera general y a su vez nos íbamos acercando más al Atlas, el paisaje se estaba volviendo espectacular. Curvas, camiones, subidas, burros, gente por el arcén, bajadas y vendedores de geodas que aparecían de la nada abriendo las piedras para mostrar la sorpresa de su interior. Daba comienzo la subida al Tizi n’Tichka. Unas cuantas curvas después llegamos a la cima, parada para echar foteles y unas meaditas. Las imágenes dan cuenta de la belleza del lugar. 
 
El alto Atlas

Alto Atlas

 
 Continuamos por la carretera y el paisaje iba cambiando, tornándose de unos tonos y una vegetación más propia del clima desértico. A 40km de Ouarzazate unos jedis se nos cruzan en medio de la carretera amenazándonos con sus espadas láser, en este caso aspavientos, detuve el furgoneto y nos pidieron que les acercáramos a Ourzazate ya que el coche les había dejado tirados. Se montó uno de ellos, de nombre Yassine. El corto trayecto que nos quedaba hasta su casa lo pasamos preguntándole curiosidades y cosas sobre el país. Antes de llegar, nos comentó que estábamos cruzando justo por donde se había rodado la peli de Babel, en el momento de los disparos al autobús. También a la entrada nos explicó que la ciudad tiene unos estudios importantes y que cerca se rodaron escenas de Lawrence de Arabia y Gladiator. La entrada a Ouarzazate resultó ser una gran avenida flanqueada por modernas farolas a medio poner, la razón, el rey había pasado por allí y les había dado dinero para que lo construyeran antes de que volviera a pasar. La casa de Yassine estaba a las afueras, al poco rato de entrar. Aparcamos allí y nos recibieron con los brazos abiertos. Su padre salió y nos invitó a todos a té de menta en su morada. Nos descalzamos y entramos a su salón, mientras nos preparaban el té nos enseñaron cientos de fotos, digo cientos y no exagero, de la caravana que realizaban por el Sáhara hasta Tombuctú. Se dedicaban a vender su artesanía en la travesía. Aparecieron unas telas azules y al momento estábamos todos con el turbante puesto, éramos unos tuarégs y bereberes más de aquella familia. El padre de Yassine nos intentó vender una excursión al desierto, pero no al de Merzouga y como íbamos con el tiempo ajustado tuvimos que desechar la idea. 
 
Tuaregizados

El hambre apretaba ya que no habíamos tomado nada, así que les preguntamos un buen lugar para comer. Yassine se vino con nosotros y nos acompañó al restaurante de un hotel. Ahí nos dimos cuenta de que debimos decirle barato en vez de bueno, pero eso sí, el tagin y la tortilla que nos calzamos estaban deliciosos. Marta y Ruth sin embargo, salieron con Yassine a buscar algo que les molara más. Nosotros nos hinchamos, pero también lo pagamos. Unos 10€ por barba, mientras el par de dos por 1€ cada una volvieron satisfechas. El Sol empezaba a caer y antes de ir de turismo buscamos un hotelillo para los 6. Gracias a Yassine lo sacamos a buen precio, 500MAD dos habitaciones triples con ducha.
Nuestro amigo bereber ejerció de guía y a través de caminos de tierra inexpugnables y con las indicaciones típicas del país, algo así como nulas, llegamos al Oasis de Fint. Para entrar tuvimos que cruzar un río, huir del guía de allí (ya teníamos el nuestro) y aparcar a un lado de la tierra. El sitio era genial y sin la ayuda de Yassine es seguro que no lo habríamos encontrado. La luz se iba extinguiendo dotando al momento de más belleza si cabe, un oasis medio seco, repleto de palmeras y un poblado semi abandonado entre montes de rocas con formas. Estuvimos un buen rato paseando por allí, haciendo fotos y sorprendiendo a los lugareños. Cuando se hizo de noche retornamos a Ouarzazate, pasamos por la casa de Yassine pero no había nadie, así que volvimos hacia nuestro hotel al lado del cual tenía la tienda de artesanía su familia. Otro té de menta y esta vez ya sí nos despedimos de él. Antes le habíamos dado una propinilla por habernos aguantado toda la tarde. Una vez en el hotel planificamos el día siguiente y decidimos madrugar para poder llegar a Merzouga. Intentamos reservar por teléfono la excursión al desierto, pero los números de la guía, no correspondían. También adquirimos algo para desayunar al día siguiente. Noche de charleta y a dormir, el madrugón iba a ser importante. Eso sí, por desgracia para dea, los picotazos que le aparecieron no creo que le dejaran dormir muy a gusto. 
 
Oasis de Fint

Puedes encontrar más info y un resumen del itinerario pinchando aquí.

 
 

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