Sobreviviendo a Marruecos. Día 4: Erg Chebbi - Fez

by - febrero 09, 2022

 DROMEDARIO Y MANTA

Suena la alarma temprano, tenemos que recoger el chiringuito lo antes posible, Hassan nos llama desde fuera y nos mete prisa, hacemos lo que podemos. Cuasidormidos y enmochilados comenzamos de nuevo a caminar sobre las dunas iluminadas por el albor, quedaban pocos minutos para el amanecer.
Llegamos a una duna decente desde la que vimos la salida del sol ese día, el viejo astro se iba asomando por el este (menos mal porque si no habría sido extraño) dándole color a las dunas y al cielo. 
 
 
Hassan y el amanecer

Parecía se iba a tratar de un buen día. Hassan nos invitó a tirarnos con una tabla de snow por las dunas y como ninguno se atrevía tuve que ser yo el conejillo de indias. Una experiencia más, una pena que fueran las 7:30 de la mañana y estuviéramos dormidos y exhaustos del ejercicio matinal, porque habría estado bien esquiar en dunas más altas. Dea y Fish fueron los siguientes en probar, con rebozado de la primera incluido, Marta fue luego, Hassan y Rutty. Dieron las 8 y no llegaba el 4x4 a recogernos, tocaba esperar al fresco, un fresco no tan intenso como el que habíamos pasado por la noche, nuestro saquito quedó en eso, un saquito, las gélidas temperaturas nocturnas no pudieron ser aplacadas, pero el cansancio sí nos permitió dormir. Sobre las 8:15 reanudamos la marcha al punto de encuentro, se veía una polvareda al fondo, nuestro jeep estaba llegando. Como no queríamos salir muy tarde hacia Fez pasamos por alto una visita a unos músicos africanos. Llegamos al albergue y un genial desayuno buffet libre nos estaba esperando, ávidos de llenar el estómago no cedimos en nuestro empeño y amortizamos bien lo pagado el día anterior. 
 
Amanecer en el desierto

En lo alto de la duna

Un poco de sandboarding

 
Siguiente aventura, los dromedarios.
Cada uno nos subimos a un jorobado animal y cuando hubimos montado todos comenzó la caminata por las dunas. Nunca había montado en un bicho de tales características y la verdad resultó ser mucho más cómodo de lo que esperaba. Eso sí, mi animal era para verlo, parecía estar canceroso pero aún así aguantaba el tipo. Estuvimos más de una hora disfrutando del paseo, el paisaje y las risas que nos echábamos de nuestro arte para montar dromedarios. Volvíamos hacia el albergue cuando el gracioso guía soltó las riendas del dromedario de dea e hizo amagos de lanzarse por una empinada duna, mi dromedario que estaba atado al suyo evidentemente le seguía, yo me fiaba de los bichos pero dea no se lo tomó muy bien y pegó unos cuantos gritos. Ya una vez en el albergue recogimos todo, nos aseamos y nos metimos en el coche, en principio el día más largo sobre el asfalto nos esperaba. 
 
En los dromedarios

Los tres reyes magos

Me puse yo al volante en el primer tramo del viaje, poco a poco nos íbamos alejando del desierto dejando atrás los pueblos por los que habíamos pasado a la ida pero esta vez pasado Erfoud fuimos dirección Er Racchidia a través del valle del Ziz. Pasando esta ciudad nos encontramos con un bonito paisaje, que salvando las distancias se asemejaba al Cañón del Colorado. Un embalse localizado entre una garganta de enormes montañas rojas, lástima no pudiéramos parar un rato por la zona. El día estaba muy bonito, así que se apreciaba muy bien todo, cruzamos una de esas montañas y llegamos a un páramo donde el paisaje comenzaba a cambiar. Unas horas más tarde llegamos hasta Midelt que como su propio nombre indica es la mitad del camino. Allí hicimos el relevo y el llenado de depósito que ya lo iba pidiendo. 
 
Embalse

 
Valle del Ziz

Como el tiempo se nos echaba encima y conducir por la noche, pese a que Marta ya estaba medio especializada, no nos seducía mucho comimos en el coche un poco de fuet y cuatro mierdas más que llevábamos. Esta parte del viaje fue completamente diferente a la anterior, los paisajes cambiaron bruscamente para asombro de propios y extraños. El seco y árido desierto se cambió por montañas verdes, lluvia, lagos y nieve en las cumbres, ¿estamos en Marruecos?, paisajes propios de suiza se iban sucediendo. Cruzamos por entre las montañas moteadas de pinos en las que nos cruzamos a unos cuantos perros salvajes temerarios que dieron rienda suelta a nuestra imaginación sobre su procedencia. De repente cruzamos el espacio-tiempo y aparecimos en u pueblo típico andorrano, opulandia apareció ante nuestros ojos. Chalets en el monte, carreteras perfectamente asfaltadas y un ambiente totalmente europeo nos dejó boquiabiertos. Cruzábamos Ifrane, ciudad famosa por su universidad, cuya matrícula cuesta ni más ni menos que unos 6000€. Conseguimos salir del bucle espacio-temporal y la carretera nos derivó de nuevo al marruecos que todos conocíamos, gente por las calles, casuchas de tres al cuarto y burros. Nuestro asombro volvió cuando pasamos la ciudad hereje en la que iglesias cristianas nos daban la bienvenida. 
 
Sí, seguimos en Marruecos
La Suiza marroquí
 
Ya estaba anocheciendo y nos quedaban aún unos kilómetros hasta Fez, Marta hizo uso de su poder especial y pudimos romper la regla que todas la guías rezan, “no conducirás por la noche en tierras marroquíes”. Entramos en la caótica ciudad de Fez bajo una lluvia desagradable, buscamos el Youth Hostel pero nos medio perdimos. Paramos e hicimos cambio de conductor, preguntamos y planificamos el cómo llegar hasta nuestro destino. Los motoristas guías timadores nos acosaron un poco, pero conseguimos esquivarles. Aparcamos cerca de hostel y fuimos a preguntar si había camas libres, tuvimos suerte y quedaba una habitación doble y una con dos literas, perfecto. Volvimos a por las mochilas y enseres y las descargamos en las habitaciones.
Tocaba salir a dar una vuelta y otear algún sitio donde cenar, al final la noche dio mucho de sí: vimos a todo tipo de personajes, una pelea multitudinaria con un autobusero, cansinos que nos seguían, vendedores de hachís y todo tipo de gente que os podáis imaginar. Fuimos hacia un restaurante que recomendaba la guía, pero al sentarnos el 75% de la carta (por no decir el 100%) estaba acabado y de lo que les quedaba solo había un plato de cada. Pese a la triste cara del amable camarero decidimos irnos al garito de en frente, un tabloide anunciaba los precios y no tenía mala pinta.
Después de sentarnos nos fuimos dando cuenta de lo extraño del lugar, una luz de colores, gente que subía escaleras y bajaba feliz, mujeres en el bar, cervezas…algo no nos cuadraba. Pedimos la carta y nos trajeron la bebida aderezada de unos pescaditos fritos para picar, una señora ración la verdad. El tiempo que tardaron en traernos la cena dio mucho de sí, mientras bromeábamos sobre el cocinero leyendo libros de cocina, la TV nos mostraba un baile obsceno de mujeres con pelos kilométricos contoneándose poseídas por el mismísimo Satán. Todo tipo de cábalas nos vinieron a la mente. La comida la verdad que estaba muy rica y decidimos huir en cuanto pudimos, que ya nos estábamos canteando demasiado entre las risas y miradas, menos mal que no nos entendían.
De vuelta al albergue apareció en escena el personaje que todos estábamos esperando…El Chico del Paraguas…sin comerlo ni beberlo se unió al grupo y ya no se nos despegaría jamás, de hecho le hemos dejado un colchón aquí en casa para que esté más cómodo, eso sí paraguas en mano. Sigiloso como el que más y a una distancia prudencial acechaba a que nos perdiéramos durante nuestro camino de vuelta y así poder asaltarnos con su paraguas y su cara de guía nocturno. Por suerte volvimos al hotel sin problemas y mediante una bomba de humo nos dejó. El albergue cerraba a las 22h, llegamos un poco antes, allí el hombre me dijo que el coche lo dejara en la calle de en frente que por 15MAD un vigilante lo cuidaría toda la noche. Así que por ese precio le dije que sí y con miedo en el cuerpo por si el del paraguas estaba durmiendo en nuestro coche, aparqué donde me indicó. Luego, cada mochuelo a su olivo y a dormir en las húmedas mantas de piel de mono y la gélida calefacción ausente, menos mal que la capa de agua que tenían las paredes hacían las veces de aislante.
 

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